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Los dermatólogos aconsejan examinar la piel de los niños al menos una
vez en los primeros dos o tres años de vida, máxime si tienen manchas.
Por eso, si un bebé nace con un lunar, es aconsejable acudir al
pediatra o al dermatólogo. Lo mismo debe hacerse si se advierte algún
cambio (de color, forma o tamaño) o si el pequeño nota molestias en la
zona. Aunque es cierto que algunos lunares se pueden malignizar con el
paso del tiempo, el principal factor de riesgo del cáncer de piel sigue
siendo el sol. Por eso, siempre hay que evitar las largas exposiciones
y proteger adecuadamente la piel.
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